Casi como un tango
UN VISTAZO AL CINE DE WONG KAR-WAI  (Parte I)
por Alejandro Gallardo
Dos solitarios que comparten un café a medianoche.
Que se miran, pero sin mirarse. Apenas una sonrisa furtiva.
Se quieren tocar pero no pueden. No son “como ellos”.
El humo de un cigarro se consume, desaparece…
Como su marido, como su Mujer. Él quiere besarla. Ella quiere seducirle.
Y beben otro sorbo de café, e imaginan como se enamoraron sus
cónyuges entre sí. Y se aman. Pero siempre en silencio.
Y al fondo esos Ojos verdes de Nat King Cole.
Todo se detiene durante un minuto…
Casi como un tango.

Esta estampa llena de romanticismo rosa, amores imposibles y boleros parece sacada de una película de Almodóvar , un capítulo de telenovela (de esas de las que “nunca” hemos visto ninguna), o de un dramón a lo Douglas Sirk . Y sin embargo se trata de un breve pasaje (ampulosamente novelizado, eso sí) de In the mood for love (Deseando amar, 2000), la película que lanzó a la fama mundial al que es hoy uno de los directores más importantes del panorama mundial: Wong Kar-Wai.

Si bien Kar-Wai ya había obtenido cierta notoriedad en occidente (especialmente en Francia) con películas como Chungking express (1994) o Happy together (1997), no es hasta la aparición de ésta In the mood for love (en original Cantonés Fa yeung nin wa ; cuya t raducción literal es " La magnificencia de los años pasa como las flores”) cuando el director ha conectado con un sector del público menos especializado. Aunque es, sin duda, la película más accesible de Kar-Wai , In the mood ... exige un esfuerzo por parte del espectador, una implicación que hacen de ella una experiencia no apta para todos los paladares.

La historia de Su Lizhen ( Maggie Cheung ) y Chow Mo Wan ( Tony Leung Chiu Wai ) comienza cuando ambos alquilan una habitación en dos apartamentos contiguos. Ambos casados, nunca se hará visible la presencia de los cónyuges, ni para el espectador, y casi tampoco para los propios personajes, abandonados, vilipendiados por aquellos a quienes dieron sus vidas.

Esta relación pared contra pared, es decir, estar muy cerca pero sin llegar a tocarse, es algo que se mantiene durante todo el metraje. En ese sentido la película resulta intensamente erótica. Estar al lado de alguien al que amas y no poder siquiera rozarle.

Hay una fascinante escena en la que Su Lizhen, hastiada de estar sola, baja a comprar fideos. Es de noche y el calor es insoportable. Ella camina con delicadeza, sintiéndose todavía hermosa. La música, obra del genial Shigeru Umebayashi , ralentiza sus pasos. Su vestido, uno de los cientos que parece tener, se mueve de derecha a izquierda contoneándose suavemente. Un crítico llego a decir: “ Maggie Cheung tiene la forma de andar más sexy desde Marilyn Monroe ”.(1)

Cuando se dispone a bajar una escalera se cruza con Chow, y se dirigen una leve mirada, un gesto cortes sin importancia. Pero la música ya nos ha envuelto en una atmósfera diferente que nos hace ver algo especial en cada gesto.

Comienza a llover. Chow corre para resguardarse. Está pensativo, mirando al infinito, contemplando algo en su mente. Su Lizhen suda debido a la humedad, y se la ve exhausta, tórrida. De nuevo aparece la imagen del erotismo, existiendo entre ellos apenas una mirada.

Kar-Wai , ya desde un principio, deja que el espectador elucubre sobre la dirección que tomará la película. Siempre resulta más fascinante lo que no vemos, lo que intuimos; lo que queremos que pase en vez de lo que “realmente” pasa. Esta implicación que consigue por parte del espectador ayuda, sin duda, a acercar a los personajes, a que resulte muy sencillo focalizarse en ellos, compartir sus sentimientos.

In the mood ... es una historia simple, sin efectos ni giros imprevisibles de guión. Su magia radica especialmente ahí, en que la intensidad de la película está en los personajes, en sus estados de ánimo (no es casual el título “mood” ni mucho menos).

Poco a poco descubrirán que sus respectivas parejas tienen una aventura entre ellos, y, obsesionados por descubrir cómo, empezarán a representar unos falsos encuentros, pretendiendo buscar un culpable. Pero a ritmo de Nat King Cole , los dos solitarios irán entrando, cada vez más, en un estado In the mood for love.

Wong Kar-Wai nació en Shanghai en 1958, pero a una temprana edad emigró a Hong Kong, lugar de “refugio” para una gran cantidad de familias que querían alejarse de la opresión Comunista en la China Continental. Allí, los inmigrantes (casi todos ellos provenientes de Shanghai) crearon una comunidad en la que mantenían sus costumbres, y apenas solo se relacionaban entre ellos (de hecho, el director no habló Cantonés, el idioma hablado en Hong Kong, hasta los 13). De alguna manera se cerraban a la convivencia con la gente originaria de Hong Kong. Este tema de falta de comunicación entre comunidades siempre a obsesionado a Wai , que lo ha tratado en diversos filmes, como la relación de un chino-filipino con una chica de Macao en Days of being wild , o el padre de Fallen angels , que solo sabe hablar taiwanés, y por eso apenas se relaciona.

Kar-Wai crece en esa incomunicación, obteniendo más referencias americanas que hongkonesas. Esto es debido a la gran cantidad de militares norteamericanos que entonces abundaban en la zona. Esas imágenes del humo de los cigarrillos que aparecen en 2046 o In the mood for love , provienen de esta época, así como las máquinas de discos que tanta importancia tienen en Chungking Express y Fallen Angels.

El inmigrante Wong Kar Wai , que entonces ya empieza a sentir un fuerte sentimiento de pérdida, se convierte en un ávido lector de los clásicos de Balzaq o Tolstoi. Estudió en la escuela de Arte, pero pronto la abandonó para trabajar en televisión, donde actuó como ayudante de producción de diversas series dramáticas, y poco después ya estaría escribiendo guiones para todo tipo de programas. En 1981 trabaja en el equipo de guionistas de la popular teleserie Don't look now . A la vez, trabaja en otro proyecto de cinco mujeres a lo largo de los 50 y los 60 que resulta cancelado en su fase de preproducción. Wong viéndose encasillado en la escritura de sitcoms abandona la televisión en 1982. Durante varios años escribe guiones sobre comedias de acción y artes marciales, hasta que tiene la oportunidad de trabajar para un equipo de directores entre los que se encuentran Ringo Lam ( City on fire ) o Tsui Hark. Tras el brevísimo paso por esta experiencia comienza su camino en solitario, y escribe su primera película como guionista (junto con otros dos compañeros) Once uppon a raimbow. Sigue escribiendo guiones de todo tipo hasta que en 1988 debuta con As tears go by , una película de gánsters que recuerda poderosamente a Malas Calles de Martin Scorsese. La película resulta ser un éxito en la semana de la crítica en Cannes, dando a conocer a Wong Kar-Wai al mundo entero.

Romántico, perfeccionista, sensual y tremendamente nostálgico, Kar-Wai , sin haber cumplido los 50 es considerado, por muchos, el cineasta más importante en la historia de China (En 1997 fue el primer Chino en ganar el premio al mejor director en Cannes, y en 2006 ha sido nombrado el primer presidente Chino del jurado del mismo festival). Si bien Zhang Yimou ( La linterna roja , Hero ) o Stanley Kwan ( Rogue , The actress ) llevan más tiempo conquistando festivales y dándose a conocer en el mundo occidental, la influencia del cine de Kar-Wai es enorme, especialmente entre la cinematografía oriental. Es sorprendente ver la cantidad de películas posteriores al año 2000 que recuerdan a In the mood for love , llegando incluso a afectar a maestros consagrados como Hou Hsiao-hsien ( Millenium mambo, El maestro de marionetas ).

Lo cierto es que el cine de Wong Kar-Wai resulta un caso aparte en el cine chino de los últimos años. Alejado de los estandartes del país Tsui Hark ( Siete espadas ) o Chen Kaige ( El emperador y el asesino ) , apartado del realismo de Yimou (pre Keep cool ), y con una poética visual muy característica, el cine de Kar-Wai se ve influenciado por directores tan diferentes como Godard , Cassavettes o el ya citado Douglas Sirk . En su ritmo, muchas veces pausado, de planos sostenidos se ven reminiscencias del primer Bertolucci (al que le une su gran admiración por Godard ); “ahoga” muchas veces el encuadre como lo haría Antonioni ; y en su violencia, seca pero poética, se entreve un paralelismo con directores como Kinji Fukasaku ( The Yakuza papers ) o Takeshi Kitano ( Hana-bi, Dolls ) . Sobre este último, Kar-Wai declaró “ Para mí , Tarantino , Takeshi Kitano y yo somos realizadores que trabajamos en diferentes partes del mundo al mismo tiempo y compartimos un determinado parentesco”(2). Aunque bastante diferente, podemos encontrar ciertos paralelismos entre la obra de Kitano y La de Kar-Wai , especialmente en lo referente a su concepto visual, alejado de modas, donde la importancia está en la imagen, en el encuadre, siendo éste el que nos muestre el estado de animo de los personajes, no la propia historia. Ambos son amantes del uso de planos sostenidos, así como de un gusto por la ruptura temporal. Y vuelve a unirlos, así como también a Tarantino , la admiración por Godard.

Y es que el francés resulta ser toda una referencia para esta generación de directores que crecieron viendo como un cineasta podía revolucionar todos los pilares del clasicismo amparándose en un cierto comportamiento anárquico. Desde Al final de la escapada ( Á bout de souffle , 1960) hasta Alphaville (1965, atentos a los paralelismos visuales con 2046 ), las películas de Jean Luc Godard están siempre reinventándose a si mismas, cargadas con una frescura propia de la improvisación que el director llevaba a los rodajes. La costumbre de rodar sin guión cerrado de Godard es algo que Kar-Wai hereda y lo lleva al extremo, cambiando sus películas a lo largo del rodaje, e incluso transformándose por completo en la sala de montaje, disfrutando de una libertad creativa impensable en casi cualquier otro guionista. Esto le ha convertido durante un tiempo en un enfant terrible para los productores Hongkoneses, ya que la forma de trabajar de Kar-Wai le ha llevado en varias ocasiones a alargar sus rodajes durante años. Unido a que sus filmes no suelen hacer buena taquilla (solo Chungking express e In the mood for love no han pinchado), el hecho de que el director mantenga su libertad le aparta de cualquier otro director Chino.

Junto con Kitano y Kim Ki Duk ( Hierro 3 ) es el director oriental “de moda”. Pero el éxito de Kar-Wai es mucho menos predecible. Ki Duk se apoya en historias con un alto grado de espiritualidad zen, muy del gusto occidental, mientras que Kitano suele apoyarse en las siempre eficaces películas de género para contarnos historias más introvertidas de lo que parecen a primera vista. Pero Wong Kar-Wai resulta un caso totalmente diferente. Su cine rebosa romanticismo y belleza formal, pero es también hermético, tremendamente personal y enormemente complejo. Si con In the mood for love , parecía que se acercaba a un cine más accesible, 2046 , su siguiente película, supone una vuelta a su cine más disperso, más desestructurado y, quizás, personal. Además, Kar-Wai dota de un ritmo pausado a sus películas no muy del gusto del cine imperante en occidente. Pero es que para Wong no existe “ir al grano”. No hay un punto al que ir, si no un camino, cotidiano y corriente, que dota de sentido a la película.

En Fallen angels, Takeshi Kaneshiro graba con su cámara todo lo que su padre hace. Le rueda cocinando. Le rueda durmiendo. Hasta le graba mientras va al baño. Más tarde, el padre verá las imágenes y esbozará una medio sonrisa. Al final de al cabo, esa es su vida. Wong Kar-Wai parece tener la misma opinión. En las películas siempre sucede algo que trastoca a sus personajes, pero eso también transforma toda su vida cotidiana. ¿Por qué no mostrar las comidas si ahora saben más amargas? ¿Porque no ver como camina ahora que vuelve a verse atractiva? ¿Porque no vemos como escribe si sabemos que se está desahogando sobre el papel? Todas estas cosas que el cine suele despreciar, Para Kar-Wai suponen buena parte de la columna vertebral de sus historias, dándole a sus historias un halo de nostalgia. Como si el tiempo se detuviese.

Su discurso, de grandes connotaciones filosóficas, consigue huir de la pedantería y de la complacencia acercándonos a las vidas de esos personajes. No se trata de un Bruce Willis salvando un edificio o un Tom Cruise saltando de una moto. Los personajes de Wong viven el día a día y es ahí donde vemos sus particularidades, su humanidad. Como el policía de Chungking Express que come latas de piña caducada por que echa de menos a su novia, o el chico de Happy Together que graba las voces de sus amigos en una grabadora para poder conocerlos mejor.

De acuerdo con estas características, la obra de Wong Kar-Wai parece encontrarse más cerca del cine de autor Japonés, los films americanos de los 70, o incluso el Manga.

Pero aún más importante resulta la influencia de la literatura Sudamericana. Wong , que se declara admirador de autores como Julio Cortázar y, especialmente, Manuel Puig , recoge ese estilo de desestructurar la obra presente en títulos como la famosísima Rayuela del propio Cortázar . El director incluso reconoce haberse sentido inspirado por Puig a la hora de escribir los guiones de Days of being wild y Happy together .

Con respecto a ello Wong declara: De ellos aprendí como contar una historia. Nuestra tradición nos lleva a trazar una línea narrativa muy simple: un comienzo, cierto progreso y un final. Después de mi primera película pensé: «Normalmente la gente se muestra interesada por el contenido de una historia, pero a nadie le importa cómo se cuenta». Así que intente hacer algo distinto. Simplemente reestructuro el relato, lo rompo en varias historias cortas y vuelvo a juntarlas de forma distinta. (3)