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LA BATALLA DE ARGEL
1965 Italia, Argelia 122 min. b/n TITULO ORIGINAL: La battaglia di Algeri DIRECTOR: Gillo Pontecorvo GUIÓN: Franco Solinas y Gillo Pontecorvo
FOTOGRAFÍA:
Marcello Gatti MÚSICA: Ennio Morricone y Gillo Pontecorvo DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Sergio Canevari
MONTAJE:
Mario Serandrei INTERPRETES: Yacef Saadi (Djafar); Brahim Haggiag (Ali La Pointe); Jean Martin (Coronel Mathieu); Tommaso Neri (Catitán Dubois); Fawzia El Kader (Hassiba). |
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LA BATALLA DE ARGEL por Miguel Herreros Sánchez
Se puede decir sin tibiezas que esta película es la demostración de que se puede realizar filmes político-históricos que tengan un valor sobre la época que desarrollan, sin embargo esto solo puede suceder si se trata de acontecimientos casi inmediatos, pues por una parte los esquemas mentales que reflejarán la película son realmente los que se dan y la emotividad, el espíritu, que impregna los acontecimientos todavía está vivo. La inmediatez es un valor esencial en este tipo de cine, el transcurso del tiempo aleja y distorsiona más (la distorsión es un elemento intrínseco a la realización de toda película, aunque se pueda lograr mantenerla en unos mínimos) los valores y sentimientos que el acontecimiento que se está retratando provocó en su momento. A finales de los años sesenta e inicios de los setenta del pasado siglo, en una Europa sacudida en sus cimientos por las contestaciones sociales, convulsionadas todas las democracias consolidadas así como las dictaduras sureñas, Gillo Pontecorvo se alzará como figura del cine de tendencia histórico social, con un empleo de los medios semejante en forma a los documentales. De tendencia progresista y muy imbuido del espíritu crítico a las actitudes coloniales (y post-coloniales) de dominación hacia otros pueblos, tratará estos temas en la cinta de que es objeto este trabajo así como en otras de sus producciones como Queimada , que contó con la participación de Marlon Brando. El que La batalla de Argel es un título excepcional es evidente por cuanto se trata de una colaboración entre dos mundos en principio alejados, luego por resultar una reconstrucción al calor de los hechos de unos acontecimientos históricos determinantes en el siglo XX. Y finamente por su capacidad de aunar la tensión dramática con un conjunto de factores que funcionan con plena convicción, desde los extras hasta la hermosa música (de Ennio Morricone) y la magnífica fotografía en blanco y negro (de Marcello Gatti) pasando por la viva presencia del escenario. Por más que hoy en perspectiva, se puedan detectar esquematismos y ausencias, nos encontramos ante una obra maestra indiscutible sobre la problemática hasta el momento. De ahí que el dialéctico film de Pontecorvo reflejase también cómo pensaba el pueblo galo de ese período sobre tan importante hecho. Lo terrorífico de la exposición de Pontecorvo es que da por hecho que no existe imperio colonial que conceda la independencia; que no existen diferencias entre los imperios de derechas o de izquierdas; existen imperios y colonias, y los imperios tratan de permanecer, mientras las colonias intentan convertirse en países libres. De esa colisión de intereses nace la inevitabilidad de la rebelión armada. Por supuesto debemos plantearnos también si la independencia de Argelia fue otra más de las luchas entre colonia y metrópoli o si fue una guerra civil, pues con un total de población de origen francés de casi un millón de personas podríamos inclinarnos más hacia esa tesis. Es innegable que la situación de Argelia dentro de la estructura político-administrativa del Estado francés no era igual que el que podía tener la Indochina, es un departamento más de Francia, tiene una proporción alta de población metropolitana, una trayectoria en la política exterior francesa muy larga, y sin embargo, como expresa Frantz Fanon, la distancia entre los habitantes argelinos nativos y los franceses es abismal, no se entiende en la sociedad francesa del momento la integración mas que en un sentido, el de que los argelinos se imbuyan dentro del pensamiento occidental, dejando atrás su identidad. El Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino dirigido por figuras como Budiaf o Ben Bella inició las hostilidades militares contra la administración francesa el 1 de noviembre de 1954. En agosto de 1955 la guerra se recrudeció en la región de Constantina con importantes matanzas por ambos bandos y con una durísima represión parte del ejército francés. En 1956, Francia había ya desplegado un ejército de 500.000 soldados. Ese mismo año, los franceses intentaron con los británicos la operación del Canal de Suez, operación que era vista en París como un medio de debilitar a Nasser, el gran apoyo externo del FLN. El fracaso franco-británico alentó las esperanzas de los insurgentes argelinos. Ese mismo año, Francia concedía la independencia a Marruecos y Túnez y concentraba todas sus fuerzas en retener la "Argelia francesa". En La batalla de Argel , sus responsables quisieron plantear una verdadera epopeya revolucionaria en que el tema central es el valor de un pueblo que lucha por su libertad. Pontecorvo muestra las dos vertientes del problema (la represión contra los argelinos y la violencia de sus acciones terroristas) y deja al espectador la comprensión de las causas de esta situación. Ahora bien, las imágenes que nos muestra Pontecorvo hacen decantar al espectador, casi inevitablemente, por el lado de los argelinos. Sin embargo, más que un film directamente político, La batalla de Argel es casi una obra histórica; tan ambiciosa, artísticamente, como polémica, ideológicamente. Rigurosa y comedida, dejando hablar a los contrarios; pues el duro coronel Mathieu no esconde su gestión represiva y manifiesta sus razones, que desde su punto de vista son tan comprensibles como las de los militantes nacionalistas. Al mismo tiempo, el terrorismo es expuesto sin tacha -pero sin crítica-, tal y como fue la violencia atroz de ese periodo. Gillo Portecorvo utilizó para la interpretación, a la manera de los viejos maestros de cine ruso (Eisenstein o Pudovkin), a las masas populares con el fin de crear un verdadero corazón de tragedia griega. Así, casi los 80.000 habitantes de la Casbah de Argel participaron en el rodaje como intérpretes o como figurantes. Igual que en el film soviético Octubre, algunos de los actores fueron los mismos protagonistas de los hechos (Yacef Saadi), de forma que su memoria y su propia trayectoria queda reflejada en el film de una forma inusitada. El proyecto surgió del singular producto de un encuentro excepcional entre el primer gobierno independiente argelino encabezado por el carisma tico Ben Bella y el cine político italiano incubado desde las filas del PCI. Su primera inspiración partió del ex jugador de fútbol y antiguo responsable del FLN (Front de Liberation National), Yacef Saadi, que en el espectador podría identificar en la pantalla bajo el rostro de uno de sus protagonistas, Saari Kader. En 1964 Saadi recibió el encargo de su gobierno de buscar a un director que filme el primer largometraje de ficción propiamente argelino. Habla con Visconti que no muestra interés por un tema tan alejado de sus temas, y con Francesco Rossi que está ocupado con El momento de la verdad, una coproducción hispano-italiana bajo el amparo del clandestino PCE, y que narra la historia de un emigrante que tienta la suerte -trágica- del ascenso social taurino. Finalmente logra ponerse de acuerdo con el periodista, escritor y guionista Franco Solinas, que había mostrado su talento para el análisis político el histórico con Salvatore Giuliano (1961). Saadi, que también escribía, llevaba debajo del brazo un guión sobre la batalla de Argel, pero Solinas y Pontecorvo lo convence para efectuar numerosas modificaciones (hasta cuatro redacciones diferentes) que luego se ampliaran "in situ", durante el rodaje en la propia Casbah donde los acontecimientos están todavía calientes. Aunque la película no oculta nunca que se trata de una reconstrucción, y evoca la minuciosidad de una crónica periodística (sin que para ello se utilice ni un solo metro de material documental), su lógica interna no es la del cine político convencional, sino que retoma el aliento del mejor cine soviético. Aquí aunque el tratamiento coral da un sello de autenticidad y de vigor extraordinario del film, la trama está enfocada como una trama policial, y su verosimilitud fílmica no está perturbada por la necesidad de ningún subrayado político. Esta traducción política que hace el espectador es consecuencia natural de lo que dicen las imágenes. El rodaje del film duró cinco meses. Trabajo intenso que llevaron a cabo con un grupo de cineastas italo-argelinos en la propia capital, evocando con enorme realismo las vicisitudes políticas de esos años críticos, sin incurrir en tópicos ni discursos fáciles o tendenciosos, aparte de no recurrir a documentales, filmados y luego manipulados. Durante dos años, el realizador Gillo Pontecorvo y su guionista Franco Solinas prepararon un film que testimoniara la larga lucha de Argelia en pro de su independencia colonial. El estudio de millares de documentos, fotografías, entrevistas, etc., les proporcionó un "background" con el cual reconstruir los hechos. La película no oculta en ningún instante que se trata de una reconstrucción, y la propia estructura del film se encarga de atestiguarlo así. Me explicaré: enmarcado casi todo el film como un flash-back de Ali la Pointe, que tiene lugar en los instantes que preceden a su muerte, Pontecorvo refuerza el carácter de reconstrucción del film, por más que el entusiasmo y la convicción con que los habitantes de Argel reviven los momentos más importantes de su historia, puedan dar la sensación de que nos encontramos ante escenas documentales: La importancia del film estriba en la reflexión y análisis que supone sobre todo tipo de lucha por la liberación nacional. Los dos bandos están establecidos de antemano, el pueblo argelino que busca la independencia, fundamentalmente a través del FLN, y los colonos que ayudados por la metrópoli tratan por todos los medios de perpetuar el colonialismo. La historia comienza por el final, después de los títulos de créditos, el 7 de octubre de 1957 el coronel Mathieu y sus "paracas" ocupan la Casbah, y acompañados por un árabe torturado, alcanzan el reducto de los últimos dirigentes del FLN para detener a Ali La Pointe (Brahim Hagiagg), su último líder que se mantiene en pie. Con un primer plano de La Pointe surge un largo "flash back" que se extiende por casi todo el metraje. La acción retrocede a 1954, época en la que La Pointe es un " trilero ", que después de ser detenido por la policía y pasar por la cárcel, se afilia al FLN. Para preparar la batalla, el FLN, siguiendo criterios probados por el ejército rojo de Mao Tsé Tung, "separa el trigo de la paja", y expulsa del barrio a prostitutas, drogadictos, hampones, viciosos, y templa una militancia que se encuentra en la Casbah como el pez en el agua. A continuación aborda la lucha armada con todas las consecuencias, las discusiones con los nacionalistas moderados ya es cosa del pasado. La táctica de Mathieu da buenos resultados, y el FLN trata de contrarrestarla con una convocatoria para febrero de 1957. Con ella se inicia de hecho la batalla de Argel que acaba el 7 de octubre con la caída del inicio de la película. Durante dos horas hemos asistido a la clásica caza del ratón por el gato, y hemos visto desfilar personajes -innumerables mujeres que, con su aportación a la liberación, crearon las condiciones para un poderoso movimiento en favor de los derechos femeninos- y razones con unos trazos muy convincentes. Algunos (Kader) se entregan en el último minuto, otros (La Pointe), prefieren morir, y al final, Mathieu da por zanjada la "batalla". Sin embargo, el de diciembre de 1960, después de un intervalo de aparente calma que no se explica, Argel es ocupada por un pueblo anónimo dentro del cual se insertan algunos actores que antes habían jugado un papel secundario (el relato necesitaba mostrar la lucha de todo un pueblo y para reflejar el combate de una colectividad, el tratamiento coral era, necesariamente, el más indicado; y a pesar de ello es necesario que la acción se centre en particular sobre algún personaje para que el espectador logre vincularse, empatizar, con aquello que esta viendo).Este final es la gran laguna del film, su no explicación, su carácter casi milagroso. Y sin embargo, el periodo "desvanecido" es uno de los más violentos en el trayecto hacia la independencia de Argelia. En mayo de 1958 tuvieron lugar importantes disturbios protagonizados por los colonos franceses. Tras atacar las oficinas del Gobierno General en Argel con la connivencia del ejército, reclamaron la vuelta al poder del general De Gaulle. Ante el peligro evidente de un conflicto civil en Francia, el general retorno como primer ministro y en junio visitó Argel en medio de escenas de gran entusiasmo. Sin embargo, De Gaulle, que había llegado al poder como el defensor de la "Argelia Francesa", va a desencadenar el proceso que llevó rápidamente a la independencia. Tras prometer reformas económicas, en 1959 aceptó el principio de la autodeterminación del pueblo argelino. La respuesta de los colonos fue un nuevo levantamiento en enero de 1960 que fracasó por la falta de apoyo militar. En 1961, un golpe militar organizado por cuatro generales, entre ellos Salan y Challe que habían sido jefes del ejército en Argelia, fracasó. Las negociaciones se iniciaron en mayo de 1961. Mientras la oposición de los colonos se organizó en torno la Organización del Ejército Secreto (Organization de l'Armée Secrète - OAS) que inició una dura campaña terrorista. En 1962 Argelia es una nación independiente, momento que entronca con la escena final. Esta película no solo nos habla de lo que supone una guerra colonial, de las condiciones que dan lugar a la fermentación social necesaria para ello, de la inevitable radicalización de las posturas. Habla también del terrorismo de Estado, y además habla a través de un discurso tan lógico y coherente, que este filme y los acontecimientos reales serán utilizados por los ejércitos de todo el mundo para adiestrarlo en labores de contrainsurgencia, o mejor dicho, de tortura sistemática: Escuadrones de la muerte, desaparecidos… el método fue inventado en Argelia. En aquel momento el prefecto de policía de Argel, Paul Teitgen, fue el único que denunció la desaparición de 3.024 prisioneros entre los 24.000 registrados oficialmente. Sin embargo, desde mayo de 1958 las técnicas de la Batalla de Argel comenzaron a enseñarse en un Centro de Entrenamiento en Guerra Subversiva creado por el ministro de Defensa, Jacques Chaban-Delmas, a iniciativa de Bigeard. Pronto formaría a oficiales franceses, pero también portugueses e israelíes. La Batalla de Argel tuvo su manual, titulado La Guerra Moderna , escrito por el jefe de Aussaresses, el coronel Roger Trinquier, quien justificó en forma abierta la tortura como arma de la guerra anti subversiva. La transmisión se realizó en la Escuela de Guerra de París. Los primeros alumnos fueron argentinos. Entre ellos, el general Alcides López Aufranc, quien participaría en el golpe de Estado de 1976. En 1957 fue seleccionado por el Estado Mayor argentino para iniciarse en lo que ya se llamaba la doctrina francesa. La clave del curso era un mes de práctica en Argelia. Los métodos de la Batalla de Argel fueron exportados por primera vez a la Escuela Superior de Guerra de Buenos Aires. En 1959 los ejércitos de Francia y la Argentina firmaron un acuerdo que incluía la creación de una misión militar francesa permanente, cuyos asesores se instalan en Buenos Aires, en la sede del Estado Mayor. La influencia de los franceses culmina en 1961 con la organización del Primer Curso Interamericano de Guerra Contrarrevolucionaria, en el que participan militares de 14 países, su director fue López Aufranc, quien confió la planificación a los militares franceses. La Escuela de las Américas, en Panamá, creada en 1946 por los Estados Unidos, a mediados de la década de 1960 se especializó en la guerra anti subversiva; en 1961 el teniente coronel Aussaresses es nombrado en la agregaduría militar en Washington, de la que dependen diez oficiales de enlace (todos eran veteranos de Argelia), fueron distribuidos en distintas escuelas militares estadounidenses, de éstas salieron los oficiales norteamericanos que integrarían los nuevos formadores en la Escuela de las Américas. En todos los centros y cursos donde se impartieron las enseñanzas francesas siempre hubo dos referentes, La Batalla de Argel y La Guerra Moderna .
La batalla de Argel es una de las películas más emblemáticas de la historia del cine, valores que le otorgan, por supuesto, su calidad excepcional, pero también por resultar el mejor testimonio (el más directo y asequible) de un capítulo que fue la clave del proceso que estaba viviéndose en la historia de la revolución argelina, así, como uno de los testimonios más representativas de la revolución anticolonial, un acontecimiento histórico que raramente ha encontrado su expresión cinematográfica, una expresión que, sin excepción tuvo que ser prestada porque las naciones emergentes del Tercer Mundo apenas si contaron con algunos cámaras en las guerrillas. Es igualmente una película distinta, hecha desde arriba, pero también desde abajo. BIBLIOGRAFÍA - Caparrós Lera, José María. 100 películas sobre Historia Contemporánea . Madrid. Alianza. 1997 ![]() ![]() "El que La batalla de Argel es un título excepcional es evidente por cuanto se trata de una colaboración entre dos mundos en principio alejados, luego por resultar una reconstrucción al calor de los hechos de unos acontecimientos históricos determinantes en el siglo XX. "
"Esta película no solo nos habla de lo que supone una guerra colonial, de las condiciones que dan lugar a la fermentación social necesaria para ello, de la inevitable radicalización de las posturas. Habla también del terrorismo de Estado, y además habla a través de un discurso tan lógico y coherente, que este filme y los acontecimientos reales serán utilizados por los ejércitos de todo el mundo para adiestrarlo en labores de contrainsurgencia, o mejor dicho, de tortura sistemática: Escuadrones de la muerte, desaparecidos… el método fue inventado en Argelia. "
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