EL FALSO DOCUMENTAL por Clemente Martí
FALSOS DOCUMENTALES

F for Fake
Orson Welles, 1974

Zelig
Woddy Allen, 1983

Operación luna
Stanley Kubrick, 2002

En este mundo
Michael Winterbottom, 2002

La salvaje y azul lejanía
Werner Herzog, 2005

Camino a Guantanamo
Michel Winterbottom, 2006

“Ficción y realidad, documental y ficción, ficción y no ficción, registro y representación, verdad y mentira. No parece haber consenso en los términos adecuados para referirse a la aparente separación que delimitaría la ficción y el documento cinematográfico”

La cámara ha sido siempre considerada, en el documental y el relato de hechos noticiosos, como el instrumento capaz de transmitir la realidad de la forma más objetivamente posible, pero ¿Qué sucede cuando, valiéndonos de las propias características del medio, reconstruimos y/o manipulamos la realidad? La misma preparación y puesta en escena de una toma es un proceso lleno de decisiones planteadas por un sujeto; el hombre que lleva la cámara es un sujeto y, por tanto, aplica de forma inconsciente (o consciente) su criterio y el filtro de sus categorías mentales cuando discrimina o elige determinada toma (encuadre, posición de cámara, composición del plano). ¿El montador de un documental no es, a su vez, autor de la pieza al desechar o seleccionar determinados fragmentos, tomas, etc?

En documentales como “El hombre de la cámara” o “A propósito de Niza”, el autor recrea/reconstruye una realidad utilizando, únicamente, el poder narrativo de las imágenes y valiéndose de la bella composición de éstas y de un montaje que pone en relación los conceptos que representan, crea no sólo una poética propia del documental experimental y de la expresión artística de éste, sino que le dota de significados que se extraen de un análisis más profundo del texto, convirtiéndose éste en un instrumento de crítica (política o social en el caso de “A propósito de Niza”). Así pues vemos una utilización ideológica e intencionada del montaje que ve sobrepasada su función de unión entre planos, secuencias o bloques, propios del documental que se pretende objetivo.

“Ciertas imágenes (arropadas por poderosos intereses, desde industriales hasta políticos) han adquirido el valor de verdades universales, en realidades aparentemente incuestionables”

El paradigma de la información en la actualidad reside en que, sin imágenes que lo demuestren, el hecho no existe. La reflexión se sitúa en la existencia o no del suceso, no en la veracidad de las imágenes que lo muestran. Así pues, conceptos como realidad, objetividad o verdad se confunden y las barreras entre realidad, ficción y representación, tanto de la realidad como de la ficción, se vuelven confusas en nuestros días.

El documental ha sufrido hibridaciones con otras formas narrativas, surgiendo así el documental experimental (más cercano a la poesía o a las Bellas Artes) o el falso documental.

Los falsos documentales existen desde los principios del cine pero es ahora cuando adoptan un sentido más crítico. No sólo se burlan de la credulidad del público (que no osa poner en tela de juicio aquello que se proyecta en una pantalla y se mueve ante sus ojos), sino que se ha teñido de tintes políticos incluso. No es un documento que no pretende pasar por verdadero, sino más bien al contrario; cuestiona las barreras de resistencia que opone el público frente al relato audiovisual y la facilidad con la que éste interioriza un relato perteneciente al campo de la ficción mostrado con técnicas y mecanismos propios del documental.

"Se trata de inocular virus para evitar que la enfermedad de la mentira se propague"

De hecho, el falso documental se considera una de las últimas hibridaciones entre el documental y la ficción y genera discursos que cuestionan la objetividad que, presuntamente, emana de éste.

“Al igual que ocurre con el metacine ironiza sobre sus propios procesos constructivos hasta el punto de confundir al espectador con un continuum de hilarantes críticas que atacan sus rasgos identificadores. Se convierte así en un juego en el que la ficción se disfraza de realidad con técnicas tan conocidas como la argumentación con fotos, la mirada a cámara o el encuadre frontal como marca de objetividad”

Entre ellos, en los últimos años, ha surgido el llamado “monumental” o “mockumentary”. La diferencia reside en que en ellos, en todo momento, existe la evidencia de que se trata de una ficción.

"La clave del falso documental es poder mentir sin engañar al espectador"